Oye Epi,…. medicamentos homeopáticos??
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Hace ya bastantes años había un programa infantil en TVE que se llamaba “Barrio Sésamo” en el que de una forma muy didáctica se explicaban los conceptos a los niños que lo veían: Alto/bajo, Frío/calor, Dentro/Fuera…. Todos recordamos a Blas y Epi preguntándose entre ellos y dramatizando las diferentes situaciones, para ir aclarando si entraban o salían, si estaban arriba o abajo o si una cosa era grande o pequeña.

Lástima que no sea posible tirar de ellos para explicar las diferencias entre “medicamento alopático” y “medicamento homeopático” porque aunque ambos tienen consideración de medicamentos, su modo de actuar y por tanto sus efectos sobre el organismo son muy diferentes, y hay mucha gente, entre ellos nuestra flamante ministra de Sanidad, que precisaría aclarar algunos conceptos.

Cuando hablamos de un medicamento alopático nos referimos a una sustancia que ha demostrado en pruebas de laboratorio o sobre animales de experimentación, que tienen la capacidad de reducir una determinada sintomatología, porque su efecto primario es inverso a la naturaleza del síntoma o conjunto de síntomas que pretenden tratar. Así por ejemplo ante un proceso de tipo inflamatorio, se elegiría utilizar una sustancia con probados efectos antiinflamatorios en pruebas de laboratorio primero, después sobre animales de experimentación y finalmente sobre personas que se ofrecen de forma altruista o interesada por recibir algún tipo de remuneración, a experimentar en su organismo los efectos de una determinada sustancia.

De esa forma y bajo el efecto de un antiinflamatorio se reducen los síntomas derivados de la inflamación, y si el cuadro es agudo, tras administrar unas cuantas dosis a intervalos regulares para que el fármaco permanezca en sangre en niveles efectivos, remiten los síntomas en unos pocos días y todo el mundo tan contento. Eso es lo que conocemos como “reacción primaria”, es decir la que está directamente relacionada con el efecto del fármaco sobre el organismo.

La cosa se complica un poco en los cuadros crónicos, en los que hay que utilizar una sustancia farmacológica de forma habitual para contener una determinada sintomatología, ya que la sustancia empleada no sólo actúa en la zona a tratar, sino que tiene “d-efectos secundarios” por su acción sobre otras zonas del organismo que en ocasiones no se habían previsto cuando se puso el medicamento a la venta, (y de ahí la frecuente retirada de fármacos del mercado porque sus consecuencias negativas superan a sus posibles beneficios) o bien por la reacción del organismo frente a esa sustancia actuante, que es lo que hace que con el tiempo haya que ir incrementando las dosis para conseguir los mismos efectos terapéuticos, fenómeno conocido como “tolerancia”. A esa reacción del organismo frente a la sustancia extraña actuante, es lo que conocemos como “reacción secundaria” o sea, la que es provocada por el organismo para contrarrestar la acción primaria del medicamento.

Esto de la reacción primaria y secundaria es importante aclararlo porque es una de las principales diferencias entre el modo de acción de los medicamentos alopáticos y homeopáticos.

Y llegados a este punto Epi diría “Blas, y entonces qué son y cómo funcionan los medicamentos homeopáticos???

Y Blas con una buena dosis de paciencia (la misma que tenemos que tener los médicos Homeópatas para explicar una y mil veces esto a quienes quieren entenderlo) diría: “Los medicamentos Homeopáticos son muy diferentes Epi!!!, los alopáticos funcionan por lo contrario y los homeopáticos por lo semejante”

Vamos a tratar de ayudar a Blas a que Epi lo pueda entender: ya hemos hablado del efecto primario y secundario de las sustancias, el primario relativo a la acción de la sustancia sobre el organismo, y el secundario referido a la reacción del organismo frente a la sustancia y creemos que está bien claro para poder entender lo que sigue.

Cuando (siguiendo con el ejemplo anterior) hay una inflamación, si damos una sustancia que en experimentación provoca inflamación, cualquiera incluso Epi, podría pensar que todo lo relacionado con el proceso inflamatorio se va a agravar. Eso es tan lógico como cierto porque estamos poniendo en marcha la reacción primaria que sucede bajo el efecto de esa sustancia. El organismo de todos modos pondrá en marcha sus mecanismos para contrarrestar la acción de esa sustancia extraña, y como reacción secundaria nos encontraremos con una reducción de la inflamación, pero tras haber pasado por una agravación de la sintomatología, que no es lo que se pretende ya que la primera máxima de todo médico que se precie es “PRIMUM NON NOCERE”

Pues si nos planteamos ir reduciendo la dosis de la sustancia que administramos, en este caso la sustancia pro-inflamatoria, cualquiera puede entender que el efecto de agravar la inflamación se irá atenuando, pero el organismo seguirá tratando de combatir la acción de inflamación que provoca la sustancia extraña ya que siempre ante una acción se produce una reacción.

Pues ahí está el quid de la cuestión: los medicamentos homeopáticos se han obtenido a partir de ir atenuando las dosis hasta el punto de que sean capaces de eliminarse los efectos de la reacción primaria, pero logrando que se siga produciendo la reacción secundaria que es la que realmente se busca con el uso del tratamiento homeopático. Así, al despertar en el organismo la reacción/respuesta frente al cuadro patológico que presenta, se ponen en marcha todos sus mecanismos de forma eficiente y sin provocarse los efectos secundarios derivados de tratar de luchar contra los síntomas de la enfermedad, y se consigue una curación rápida, suave y permanente. Y sobre todo sin provocar los temibles efectos secundarios, tercera causa de muerte a nivel mundial.

Hay que decir porque es muy importante, que todos los medicamentos que se utilizan en Homeopatía, han sido rigurosamente experimentados en personas voluntarias sanas antes de ponerlos al uso, por lo que sabemos lo que producen y por tanto las indicaciones terapéuticas de cada uno de ellos. Y sus conclusiones son reproducibles de forma experimental siguiendo el método científico. Aunque algunos remedios fueron experimentados hace 200 años, siguen siendo válidos los datos obtenidos y siguen siendo útiles las indicaciones terapéuticas, lo cual aporta bastante fiabilidad. No es que hayamos dejado de experimentar, todo lo contrario: seguimos experimentando pero nuestros experimentos siguen teniendo validez con el paso del tiempo por lo que tienen un efecto acumulativo.

Hay que reseñar una cosa más que diferencia a los medicamentos alopáticos que buscan generalizar tratamientos y encontrar pautas aplicables a todos los pacientes de un determinado diagnóstico, de los medicamentos homeopáticos que buscan la individualización terapéutica: al utilizar dosis muy pequeñas para conseguir la reacción curativa, hemos de atender a la individualidad, es decir, tenemos que buscar la mayor semejanza entre los síntomas del paciente y los síntomas obtenidos en la experimentación de una sustancia, para administrar el medicamento más adecuado al padecimiento del paciente. Por ejemplo no sería el mismo medicamento el que elegiríamos para una inflamación de rodilla o para una de garganta; para una inflamación en la que hay un derrame seroso o para una inflamación seca. Ni siquiera sería el mismo para un paciente que se manifiesta angustiado ante su enfermedad, que para el que se siente triste por ella. Por eso no se puede generalizar un solo remedio para un diagnóstico patológico. Y eso invalida la posibilidad de que se hagan estudios de forma masiva con pacientes de una determinada patología con un solo medicamento: en Homeopatía tendríamos que aplicar diferentes remedios para un mismo diagnóstico, porque nuestro criterio terapéutico no está basado únicamente en el diagnóstico clínico sino en la semejanza sintomática.

No es tan difícil de entender. Es una forma diferente de llegar a un lugar común: el de curar a las personas enfermas. Hay diferentes caminos, para nada excluyentes y en muchos casos complementarios porque pueden sumarse los beneficios en pro de una mayor eficacia terapéutica.

Y para concluir, quisiera poner un nuevo ejemplo. Todos sabemos que hay diferentes opciones para el transporte: andar, bicicletas, motocicletas, coches, trenes, barcos, aviones….. Todos tienen el objetivo de podernos trasladar a un lugar determinado y en función de la distancia a recorrer, del tiempo de que dispongamos, y del coste que queramos utilizar, elegiremos el que mejor se adapte a nuestras necesidades. Verdad Epi????

Pues ni siquiera a Epi se le ocurriría decir que sólo se puede elegir un medio de transporte, o que todos tienen que cumplir la misma normativa. Si son de diferente naturaleza, la normativa tiene que adaptarse a cada uno de ellos acorde a sus características. No se puede pretender que un coche vaya a la misma velocidad ni transporte el mismo número de personas que un avión, ni que un barco siga las mismas rutas que un camión.
Hay que comprender y legislar conforme a la naturaleza de las cosas, y eso es aplicable a adecuar la normativa a exigir, a los diferentes tipos de medicamentos.

Seguro que Epi lo ha entendido perfectamente, lo que no sé es si lo habrá entendido y a partir de ahí se mueva a actuar, nuestra nueva Ministra. Pero me ofrezco encantada a aclarar sus dudas.

Marcos Vélez

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