La Homeopatía ante las vacunas
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En el mundo de la salud hay un tema en permanente controversia, las vacunas. La pertinencia o no de su obligatoriedad, al menos en la edad infantil, y sus posibles efectos secundarios son temas habituales de debate en el sector sanitario y fuera de él.

Cuando surge un problema en relación con las vacunas o el estado de vacunación, es fácil leer en los medios de comunicación el siguiente silogismo: familia que acude al homeópata y familia que no vacuna a sus hijos, ergo el homeópata es contrario a las vacunas y les aconseja no vacunarlos.

El texto leído en un periódico, desde un punto de vista claramente tendencioso, dice literalmente hay familias que están en contra de la vacunación y que ponen muy pocas o ninguna de estas protecciones a sus hijos por miedo a los efectos adversos o porque creen en una crianza más natural y en la homeopatía”. Es decir, tratar a los hijos con remedios homeopáticos lleva implícito no “creer” en las vacunas. Como siempre, las generalizaciones no son buenas compañeras a la hora de emitir juicios de valor.

Con relativa frecuencia acuden a la consulta de los profesionales que utilizamos la homeopatía, pacientes que tienen un planteamiento vital naturista en general y de su salud en particular. En consecuencia, nos solicitan información sobre “vitaminas homeopáticas” e incluso vacunas homeopáticas y, cómo no, consejos sobre alimentación vegetariana, vegana o “natural” (leche, soja, polen, gluten…), que en ocasiones muchos de nosotros no estamos en condiciones de responder.

El que el profesional al que usted acude utilice remedios homeopáticos para tratarle no implica necesariamente que adopte una postura naturista en su vida, esté en contra de los medicamentos convencionales o de las vacunas. Como en cualquier colectivo profesional, existen puntos de vista mejor o peor argumentados que cuestionan tratamientos o terapias calificadas de incuestionables por la mayoría de los profesionales. De hecho, los profesionales nos planteamos continuamente – y así lo reflejan los constantes cambios en el calendario vacunal- si no deberíamos administrar las vacunas en el niño a otras edades distintas o en cuántas dosis a las que actualmente se preconizan.

En la actualidad no existen vacunas homeopáticas, al menos dentro de la concepción actual de las mismas. Lo que sí permiten remedios homeopáticos tales como SILICEA y THUYA, es prevenir y tratar algunos efectos secundarios de las vacunas, tanto las usadas para la inmunización contra enfermedades infecciosas, como para tratar los procesos alérgicos.

Lo que si no podemos obviar, es que existe un sector de la población con un grado de información variable, que alberga temor respecto de las vacunas. Si bien según mi experiencia, no contra la capacidad de éstas de inducir una respuesta inmunitaria específica, sino más bien en relación con la presencia de otras sustancias potencialmente perjudiciales en las vacunas.

Las vacunas contienen además de los compuestos antigénicos correspondientes (virus atenuados o muertos, proteínas virales purificadas, toxinas bacterianas inactivadas, polisacáridos bacterianos, etc.), otras sustancias tales como conservantes, adyuvantes y aditivos, así como cantidades residuales de otros productos utilizados en su fabricación como formaldehido, antibióticos, proteínas de huevo y de levadura.

Los conservantes se utilizan para prevenir la contaminación por hongos o bacterias de las vacunas. De los 3 conservantes autorizados por la FDA americana, fenol, fenoxietanol y tiomersal o timerosal, es éste último el que más polémica ha suscitado por su contenido en mercurio y la instaurada relación en el subconsciente de muchos padres con el desarrollo de una conducta dentro del espectro autista en los niños tras la administración de algunas vacunas.

El timerosal está presente en vacunas como la de la gripe, difteria-tétanos, neumocócicapolisacárido y meningocócica; siendo la cantidad de mercurio que contienen muy pequeña, 0.025-0.05 mg por dosis de vacuna. Aunque existe una gran preocupación de algunos padres por las consecuencias y efectos tóxicos que pudiera tener esta contaminación del organismo, en lo que se refiere a una posible afectación neurológica en el sistema nervioso central, sobre todo en los primeros estadios de la vida, las consecuencias detectadas son poco importantes y en forma de una reacción cutánea local. En cualquier caso, la tendencia actual es a que desaparezca el mercurio como aditivo tanto en las vacunas como en productos de alimentación.

Vacunas que contienen timerosal en España

Una situación parecida se presenta respecto de las sales de aluminio utilizadas como coadyuvantes, y que incrementan la inmunogenicidad (estímulo de producción de defensas específicas por el organismo) de la vacuna. Las sales de aluminio se reconocen como seguras y están también presentes en el aire, agua, alimentos leches de fórmula, etc.

Otros de los componentes polémicos de las vacunas son los aditivos, utilizados para estabilizar las vacunas en situaciones adversas de temperatura. Se trata de azúcares, aminoácidos y proteínas que pueden dar lugar, al menos en teoría, a reacciones alérgicas.

Es importante señalar que con el fin de controlar de forma rigurosa la seguridad de las vacunas, se han establecido programas específicos de vigilancia tanto a nivel nacional como internacional que permiten analizar por parte de expertos la información recogida. En este sentido cabe destacar la Agencia Europea para la Evaluación de Productos Medicinales (EMEA) que permite un intercambio rápido de información en materia de efectos colaterales y seguridad de los medicamentos –y vacunas-, y cuyos informes y recomendaciones deben ser conocidos y aplicados por los responsables de sanidad de los distintos países.

Individualización de las vacunas.

El vacunar o no a un niño, es siempre una decisión inquietante para los padres y que deben tomar como tutores del mismo con el asesoramiento profesional adecuado. A ellos compete, por tanto, el recabar la información necesaria –nunca en el Dr. Google- para adoptar una decisión apropiada al respecto, sin olvidar que detrás de las vacunas existentes en el mercado hay estudios y ensayos clínicos que avalan una recomendación generalizada, incluso teniendo en cuenta el tan cuestionado binomio riesgo-beneficio.

Soy de la opinión de que la vacunación a cualquier edad, debería pasar por una valoración previa de la capacidad de metabolización personal de los compuestos presentes en la vacuna, pero es algo costoso y difícil de llevar a cabo cuando se trata de vacunación generalizada. A lo largo de mi ejercicio profesional, he tenido un par de casos en los que tras la vacunación se ha producido una regresión de los aspectos psicomotores del niño a nivel de motricidad y lenguaje, comprobándose posteriormente altos niveles en sangre de mercurio o aluminio, entre otros metales. Incluso en estos casos, los infantes volvieron progresivamente, aunque de forma lenta, a la normalidad tras tratamientos quelantes (sustancias que se unen a dichos metales facilitando su eliminación).

Como alguna vez he oído comentar algunos profesionales y cuya postura asumo por completo:

“ Hay que huir del «sí o no», ninguna de esas posturas es científica ni razonable. La cuestión es:

Cuáles (según necesidades y circunstancias)

Cuándo (madurez inmunológica, lógica de exposición)

Cuántas (polivalentes hasta qué punto, separación entre ellas)

Cómo (vía de administración, adyuvantes)

Como final me gustaría compartir con los lectores lo interesante que resulta el planteamiento de la Dra. Concepción Campa Huergo, creadora de la vacuna contra el meningococo B, en relación con la posibilidad de desarrollar vacunas con el método de fabricación de los medicamentos homeopáticos a fin de disminuir al máximo los posibles efectos secundarios y optimizar su eficacia.

Supongo que los escépticos de la homeopatía también dudarán de la seriedad científica de lo que plantea la doctora Campa en el video, pero ya se sabe, no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Les aconsejo que vean ustedes el video y saquen sus propias conclusiones.

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Porque salud necesitamos todos… Marcos Vélez

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